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Hace tiempo que Último Dragoncito abandonó la infancia; el tiempo se la devoró, pero él no pierde la alegría que vivió junto a su padre.
Hoy es un hombre maduro y en pleno festejo a los papás, presume el cariño y confianza que sus hijos le ofrecen, "es el mejor regalo que recibo todos los días y en el Día del Padre no será la excepción".
La paternidad lo sorprendió a los 27 años. Citlali nació poco tiempo después y su vida cambió para siempre: "Recuerdo que cuando la cargué por primera vez sentí una emoción indescriptible. Me preguntaba si se parecía a mí o no. Es una alegría inmensa que no puedes ocultar".
Después llegó Brandon, es el más pequeño, pero ambos son los consentidos del científico: "Son todavía niños. Les digo que ya no crezcan porque me hacen más viejito. No puedo explicar lo que siento al verlos crecer, cada paso que dan en la vida. Me gustaría mucho que terminaran una carrera, que no dependan de nadie y sepan valerse por sí mismos. Junto a mi esposa son mis mayores tesoros".
Presume ser un padre normal, consentidor, bromista y apapachador que no quiere ver a sus hijos seguir sus pasos en la lucha libre: "Solamente ellos lo saben y los apoyaría. Más que nada a Brandon, pero que mi hija fuera luchadora no me agradaría".
La realidad es que un luchador nunca será un padre común y corriente: "A veces no estás mucho con ellos, hay muchos viajes y faltas en fechas importantes, pero trato de no perderme cada momento de sus vidas".
María Guadalupe es su mano derecha, la esposa que lo apoya en su dura labor de padre y luchador: "Él vive con mucha emoción ser papá. Siento que desde que nació Citlali demostró que sería un buen padre. Es muy cariñoso con sus hijos, es buen papá, les da todo el cariño y nunca nos ha fallado".
Las sonrisas de sus hijos lo dicen todo: "Me gusta que mi papá sea luchador, pero cuando le pegan sí nos enojamos, pero nos gusta mucho verlo luchar", comparte Citlali.
La pequeña no oculta que de pronto le sale lo rudo a padre: "Es medio regañón, pero también nos consiente mucho. La verdad es que le deseamos mucha felicidad en su día".
Brandon habla poco, al menos frente a la grabadora, pero no se despega de su jefe. La máscara lo emociona: "Todos mis amigos y la maestra me preguntan que si mi papá es luchador. Algunos no lo creen, pero les digo que es verdad".