Los cambios del estado de ánimo forman parte del desarrollo normal y la "adaptación" normal a las modificaciones del cuerpo, los roles y relaciones que se producen durante la adolescencia. Un reto para el pediatra es distinguir entre las variaciones normales y los trastornos que requieren una intervención de salud mental.
La creencia generalizada de que la depresión mayor en los niños y adolescentes es rara o auto limitada ha llevado a infradiagnosticar y retrasar el tratamiento en dos tercios de los adolescentes con depresiones clínicas.
Epidemiología
La tasa de depresión en los chicos y las chicas varía significativamente en función de la pubertad. En la depresión infantil no son características las variaciones según el sexo; sin embargo, la depresión es dos a tres veces más frecuente en las chicas que en los chicos pos puberales.
La prevalencia durante la vida de depresión mayor es similar a la de los adultos y oscila entre el 15 y el 20%. La coexistencia de depresión y otro trastorno de salud mental son del 40-70% y es habitual en el grupo de edad adolescente. Los trastornos que coexisten con más frecuencia consisten en trastornos de ansiedad, consumo de drogas, trastornos por déficit de atención y trastornos por comportamiento perturbador.
Etiología
Parece que existen efectos interactivos entre la genética y el entorno en los trastornos depresivos mayores, ya que los estudios en adultos señalan que los individuos con un riesgo genético elevado son más vulnerables a los factores estresantes ambientales adversos cuando se comparan con los de bajo riesgo genético.
Los antecedentes familiares de padres con depresión triplican el riesgo del adolescente de padecer una depresión mayor a lo largo de su vida.
Otros factores relacionados con los padres, como conflictos maritales, cuidado inadecuado de los hijos o muerte de uno de los padres, también se asocian a depresión.
Existe controversia en cuanto a la relación temporal de los síntomas, como una autoestima baja, una autocrítica elevada, desesperanza y déficit de habilidades sociales, con su papel como factores de riesgo o un pródromo de depresión.
Manifestaciones clínicas
Un adolescente que presenta un fracaso escolar u otro trastorno del comportamiento puede tener una alteración depresiva. El Manual de Diagnóstico y Estadística para Atención Primaria, versión para Niños y Adolescentes proporciona una presentación clínica del espectro de síntomas de "tristeza" en personas jóvenes, que oscilan desde variaciones normales del desarrollo, asociadas a duelo u otras circunstancias, pasando por un problema de tristeza, hasta el cuadro florido de una depresión mayor.
La cualidad de estos síntomas es menos intensa en caso de un problema de tristeza que en una depresión mayor y la repercusión en el funcionamiento del adolescente es moderado.
Cuando estos síntomas existen diariamente durante un período de 2 semanas o más, con o sin pensamientos de recurrentes de muerte e ideación suicida, el diagnóstico entra en el campo de un trastorno depresivo mayor. Cuando estos síntomas aparecen en los 3 meses siguientes a un factor estresante identificable, el cuadro se considera un trastorno adaptativo con ánimo deprimido.
Los síntomas persistentes pero menos intensos se incluyen en la categoría de trastorno distímico. El ánimo deprimido o irritable debe persistir durante más de un año acompañado de síntomas clínicos depresivos adicionales para cumplir los criterios diagnósticos.
Los trastornos afectivos bipolares se asocian a depresión de inicio en la infancia y la adolescencia en cerca del 30% de los casos. La probabilidad aumenta con los antecedentes familiares de trastorno bipolar y en los pacientes con antecedentes de trastorno por hiperactividad con déficit de atención que se manifiesta con el cuadro de depresión.
Tratamiento y terapias para los jóvenes
Existen diversas modalidades terapéuticas para el tratamiento de la depresión, tales como terapia individual y de grupo o intervención familiar, junto con o independientemente del tratamiento psicofarmacológico. Los antidepresivos se recomiendan generalmente en los casos moderados a graves de depresión mayor y en algunos de trastornos distímicos.
La incapacidad para demostrar la eficacia y la posible toxicidad han limitado el uso de los antidepresivos tricíclicos en los niños y adolescentes. Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina son los principales fármacos utilizados en la depresión mayor de los niños o adolescentes.
El papel del pediatra en la derivación a un profesional de salud mental o la prescripción de antidepresivos está determinado por su formación y experiencia en el tratamiento de problemas de salud mental.
La educación de los padres y los pacientes sobre los trastornos depresivos es importante en el éxito de las intervenciones terapéuticas y en eliminar el estigma cultural que se asocia con la terapia en salud mental.
La importancia de una intervención oportuna debe recalcarse, incluido el potencial de un trastorno depresivo para alterar el proceso de desarrollo normal de un adolescente. Una interrupción prolongada puede originar un deterioro del funcionamiento incluso después de la recuperación del episodio depresivo.
La importancia de interesarse por la identificación precoz sin demorar el tratamiento no puede sobreestimarse.