Los berrinches son respuestas frecuentes en los niños y para poder manejarlos o prevenirlos, es primordial entender que forman parte importante de su desarrollo emocional.
Por lo general, los actos de rebeldía implican un proceso de adaptación, mediante el cual tu hijo intenta autoafirmarse. En otros casos, son la explicación de alguna lesión cerebral que le impide mantener una conducta apropiada socialmente, en cuyo caso es necesario acudir con un profesional.
En los niños pequeños resulta complicado identificar el significado de su rebeldía, situación que la mayoría de las veces sobrepasa la paciencia de los padres.
Debemos entender que ambas actitudes son la forma en que tu hijo intenta comunicar algo, buscar atención, escapar de una situación o conseguir lo que desea. A veces, cuando tenemos altas expectativas de nuestros hijos, los padres solemos catalogar a nuestro hijo como "rebelde", sobre todo si se niega a cumplir nuestras pautas de comportamiento.
Para poder afirmar que estamos ante un problema de rebeldía es importante definir lo que entendemos por ésta, ya que si revisáramos nuestro comportamiento podríamos encontrar una gran lista de requerimientos sobre la conducta de nuestros hijos: esperamos que no lloren, duerman solos, obedezcan a los diferentes adultos con los que viven, coman "bien" y entiendan las complicaciones de la economía al no poder recibir regalos.
Debemos ser conscientes que ser padres, implica hacer un análisis de nosotros en relación a la foma en que nos portamos con los hijos. Antes de catalogar una conducta como rebelde, es necesario que determinar si realmente podemos situarla dentro de ésta o simplemente se debe a nuestro enojo porque el niño no acepta nuestras imposiciones. Aunque la obediencia sin oposición inicialmente es una ventaja, podría llegar a convertirse en sumisión o en una incapacidad de ser espontáneo y expresar la personalidad y sentimientos.
Asimismo, es necesario tomar en cuenta que el manejo de límites, reglas o castigos, no debe depender de nuestro estado de ánimo, ni mucho menos los conflictos de pareja. Su mala dirección puede afectar la relación con ellos, e incluso transformar la forma en que manifiestan sus opiniones y angustias.
Es importante ayudar a los niños a comprender que no queremos obediencia o que sean "buenos" siempre, sino que deseamos que aprendan a distinguir lo que los ayuda de lo que los perjudica. Comenzar a hacerlo a una edad temprana nos ayudará a evitar conflictos en la adolescencia.
Recuerda: la crianza de un hijo no consiste en reprocharle los comportamientos que nos angustian, sino de reconocer aquello que puede estar generando estas respuestas.
Tips para manejarlos
Tu hijo de cuatro años quiere cruzar la calle sin darte la mano
Demasiado riguroso: "¡Si no agarras mi mano, te voy levantar y cargar!"
Demasiado débil: "Está bien, pero fíjate y quédate cerca de mí. ¿Sí?"
Perfecto: "Cuando lleguemos al semáforo, me vas a tomar de la mano."
Agarrar a tu hijo de la mano cuando vas a cruzar la calle es una de esas situaciones no negociables porque se trata de su seguridad. Esto no es un debate, así que no abras la ventana a una discusión o berrinche. Aunque, de forma brusca, le digas que lo vas a cargar, le estas dando una opción.
Tu hijo de dos años le arrebata de forma muy ruda un carro de juguete a otro amigo.
Demasiado riguroso: "¡Eres un grosero! ¡Regrésaselo en este momento!"
Demasiado débil: "Por favor, pídele perdón."
Perfecto: "Quieres un turno para jugar con el carro y lo tendrás. Tú y yo podemos jugar con el avión y después podrás jugar con el carro."
Compartir no es algo que les sale de forma natural a los niños pequeños. Explícale que su amigo está jugando con el carro y que él lo podrá hacer después. Utiliza palabras y términos que sean claros para él.
Tu hijo de 18 meses se la pasa parándose de su silla para comer mientras le das de cenar.
Demasiado riguroso: "¡Está bien, se acabó, ya no hay cena para ti!"
Demasiado débil: "Ten cuidado, ven, siéntate. Mira aquí viene el avión a tu boca."
Perfecto: "Cuando comemos, nos sentamos. Te voy a ayudar a sentarte otra vez."
Los padres piensan que es mejor distraerlo para que coma o ignorar estos comportamientos, pero un niño de un año pueden entender perfectamente estas reglas.
Tu hijo de tres años está haciendo berrinche pateándote porque le apagaste la televisión.
Demasiado riguroso: "¡Está bien. Ya te pasaste de la raya. Olvídate de ahora en adelante de volver a ver televisión!"
Demasiado débil: "Sé que estás enojado, ¿pero que sentirías si yo te pateo?"
Perfecto: "Me lastimaste. Déjame saber cuando estés tranquilo y hablamos de tu enojo."
Separarte es una estrategia muy efectiva, porque no te estás quedando para que te lastime y tampoco estás dejando que se distraiga del punto principal.