Aunque el término consentir puede entenderse como dar cariño o proteger, en la práctica refleja otros significados: sobreproteger, maleducar o malcriar a un niño Tomando en cuenta el último concepto, se puede referir a aquel que se le resuelve todo, incluso cuando ya es capaz de vestirse y comer por sí solo.
Además no respeta límites y mucho menos la autoridad, a menos que sea por miedo. Desconoce que existe un horario y orden para comer o hacer cualquier otra actividad que lo requiera, al igual de no tomar en cuenta las reglas y consecuencias cuando éstas no se cumplen, así como las razones por las cuales se deben cumplir las normas.
Como padres, vemos a la sobreprotección como una muestra extraordinaria de amor que nuestro hijo aprecia, sin darnos cuenta de la otra cara de la moneda: le quitamos la oportunidad de sentirse autónomo e independiente, por lo que más tarde se acostumbrará a no hacerse responsable de sus actos.
Las reglas, los límites y las consecuencias ayudan a los niños a predecir su medio ambiente y cuando lo hacen, aumenta su confianza.
De esta manera les sembrarán seguridad en sí mismos y autonomía, ya que saben qué va a pasar y cómo responderá el medio ambiente ante sus acciones.
Un niño al que no dejamos ensuciarse, al que perseguimos para que no se caiga, recibe el mensaje de que nosotros sí tenemos la capacidad y él no.
Cuando consentimos, actuamos de manera egoísta, debido a que nuestra principal preocupación es la de ser incapaces de reaccionar adecuadamente si nuestro hijo pasa por una situación difícil. En pocas palabras, es evitarse el trabajo de enseñarle y quitarle la oportunidad de aprender, es pasar por alto, ser permisivo, dar de manera superficial pero no de fondo.
Si lo dejo hacer lo que sea, no le estoy dejando ver que me importa y que estoy pendiente de él, sino que lo dejo hacer cosas para que me deje en paz.
Podemos malcriarlo de dos maneras: dándole cosas materiales sin que realmente las necesite o haciéndonos responsables de acciones que le corresponden para estar tranquilos. Cuando él pide y pide, y no está satisfecho, no necesita más cosas ni atención las 24 horas, sino tiempo de calidad.
Una persona que es educada así, será poco madura a nivel afectivo, porque está acostumbrada a que piensen por ella y la defiendan, lo que a la larga conduce a que sea irresponsable con las consecuencias de sus actos.
Tips para evitar la sobreprotección
Fija de manera clara las reglas y límites a seguir.
Llámale la atención de manera inmediata cuando esté realizando algo indebido. Muéstrale con voz firme lo que no debe de hacer.
Establece consecuencias congruentes a las faltas (no exageradas), que sean inmediatas a la acción que cometió y estén relacionadas con la conducta que tuvo.
Evita los castigos físicos: privarlo de tu sonrisa y de tu compañía puede ser la consecuencia más dura.
Los hábitos de nutrición, limpieza y orden se deben hacer todos los días de manera consistente (por lo menos de lunes a viernes). Cuanto más se respeten los horarios, más fácil te será lograr esos objetivos.
Dale tiempo de calidad y hazle saber que lo amas y lo admiras.